Hombres y mujeres periodistas de todo el Perú le dan vida a la ANP

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ANP Moquegua

Moquegua.- Hace 87 años la Asociación Nacional de Periodistas del Perú fue fundada para defender todos los derechos y fueros de tan importante e indispensable profesión. Tal su norte en un país como el nuestro, ávido de vivir en democracia, en una verdadera democracia, con libertad, paz y justicia social. Surgió para impedir que el poder político y el poder económico atacaran o rebajaran la dignidad de la labor periodística. La información es un derecho del pueblo, se constituyó así y desde su partida inicial en grito combativo que permanece latente para hacerle frente a quienes, por ser enemigos de la libertad de prensa, promueven la censura irresponsable y vergonzante y la censura pública.
El 21 de julio de 1928 emprendió ese itinerario épico, ajena a toda fatiga y a todo desaliento. Con la frente en alto, ha superado las ocho décadas y ya se acerca a su centenario, sabiéndose capaz de hacer suya, con convicción, inteligencia y bizarría, una obra múltiple y fecunda de defensa y protección de los derechos sociales y económicos de los hombres y de las mujeres que forman parte de este histórico gremio. Una concepción distinta de la vida y de los problemas que ella entraña alientan y apoyan sus deberes institucionales. Avanza cada más fuerte y sólida en procura de sus fines y objetivos, con un nuevo tipo de agremiación, con mejores métodos de trabajo y sistemas de organización, una identidad sindical a la altura de los tiempos, con sus órganos de gobierno más perfeccionados y acordes con la realidad socioeconómica de la nación y las necesidades de la profesión.
Lo dicho explica por qué la Asociación Nacional de Periodistas del Perú no vive de amarguras, pesimismos, soberbias, vanidades ni desalientos. Sus ideales son nobles y ajenos a ellos. Nació fuerte y prosigue con el mismo dinamismo de siempre, con el soporte, con el impulso de la energía, la voluntad y la firme decisión de miles de agremiados, fraternos todos ellos, que forman parte del Perú profundo y que trabajan a lo ancho y largo de todo el territorio nacional. La actitud disciplinada, el espíritu de sacrificio, la permanente capacitación y el ansia de mejoramiento para hacer posible lo que la impotencia cree imposible, ha dado sus frutos. La mística y el fervor forman parte de su identidad gremial. Ahí están todas las conquistas y todas las obras realizadas, como testimonios visibles de la capacidad y el esfuerzo de quienes en cada provincia del Perú conducen el destino de la gloriosa ANP. No son verbalismos efectistas, son hechos concretos. No son palabras, son realidades.
Al evocar la fecha institucional de la ANP en nuestro recuerdo sobresalen los nombres de Germán Lazarte, Fernando Franco, Armando Herrera, Luis Alberto Sánchez, Francisco Loayza, José Carlos Mariátegui, Felipe Rotalde, José Gálvez, Tomás Manrique, Luis Lama, José Alcántara La Torre, Arístides Vallejo, F. Vinatea Reynoso, como los de Hernando Aguirre Gamio, Luis Aliaga, Edmundo Panay, Carlos Howes, Armando Farfán, en tiempos recientes, entre muchos más. Y al lado de ellos, nuestros mártires: Eduardo de la Piniella, Pedro Sánchez, Jorge Luis Mendívil, Jaime Ayala, Hugo Bustíos, Cirilo Oré, Adolfo Isuiza, Tito Pilco Mori, Marino Meza, Juvenal Farfán, Guillermo López Salazar, quienes figuran en una extensa relación de dolor, de pesadumbre.
La Asociación Nacional de Periodistas del Perú llega a sus 87 años de ininterrumpida y loable trayectoria, con prestigio en el país y el mundo. Tiene voz propia, autonomía en sus decisiones. Por eso, en esta fecha aniversaria no puede pasar por alto lo que está ocurriendo en el ejercicio de la profesión periodística. No son tiempos buenos. Tampoco lo fue ayer. El poder político aún no ha tomado la decisión de despenalizar los mal llamados delitos de prensa. Las consecuencias están allí. Son numerosos los trabajadores de la prensa amenazados con ir a prisión por el “delito” de dar a conocer la corrupción de personajes encumbrados. Tampoco existe iniciativa legislativa alguna de su parte para que la pequeña y mediana empresa periodística pueda afrontar los problemas económicos, financieros y sociales que le viene ocasionando la concentración de medios, incluyendo el extremo de la propiedad cruzada, que en los más importantes foros internacionales se considera como un atentado a la información plural y por ende a la democracia.
En tal sentido, la ANP hace un llamado a quienes tienen que ver con la gobernabilidad del país para que asuman el deber que les corresponde. Más allá de las proclamas y de la voracidad dineraria de los poderosos, es más trascendente que se comprenda que la acción política democrática es una lucha del hombre por el hombre, una lucha de aquel que cree en la verdadera libertad contra quien deshumaniza al propio hombre. Para que ésta sea válida y eficaz, conviene tener presente que no hay política que no suponga implícitamente una cierta idea de la importancia de la información plural en una sociedad auténticamente democrática, idea muchas veces falsificada y mutilada, de donde se deriva una perversión de la política. La ANP siente la necesidad de precisar que aspira a la vigencia plena de la democracia, que parte de la realidad expresada por quienes advierten la tragedia de la democracia peruana que consiste en que ella no ha logrado aún realizar la democracia. Esa falta de realización no le lleva a rechazar la democracia, antes por el contrario, le impulsa a asumirla como meta por conquistar. Para la ANP la democracia es, ante todo y primariamente, una forma de vida, abarca la totalidad de los aspectos de las actividades del ser humano en la sociedad. Entre ellas la defensa y protección de la libertad de prensa como derecho irrenunciable de la ciudadanía, sin exclusión ni marginación alguna.

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